martes, 5 de julio de 2016

Te recuerdo.

El problema es acostumbrarse a que sea pasado, quien poco a poco abandona nuestro presente.

Te recuerdo desayunando huevos revueltos con frijoles y un poco de vinagre de chiles, un café humeando junto al periódico, siempre el a.m. y una cajetilla de cigarros raleigh con un encendedor dentro esperando a que terminaras de desayunar.

Te recuerdo siempre con bigote, algunas veces negro, otras tantas gris y ya por último blanco. De niño me hacía cosquillas.

Te recuerdo riendo cuando de niño caí al estanque de las truchas, allá en la marquesa, yo temblaba de miedo y no de frío y tú reías, pues comprendías que son esos pequeños detalles los que sazonan éste insípido caldo que llamamos vida y que sólo uno puede darle sabor, nadie más.

Te recuerdo escuchando tríos, siempre tríos.

Te recuerdo en casa de mi abuelita Paz sentado en un sillón, bebiendo una cerveza tecate con limón y sal y riendo cuando yo te pedía más.

Te recuerdo pasando por nosotros para ir a comer  los viernes, mi madre siempre dando instrucciones para pedir dinero y tú siempre preguntándome como iba en la escuela.

Te recuerdo comiendo chicharrón con limón y sal los domingos, a veces con cueritos y casi siempre con salsa.

Te recuerdo pidiéndome ir al oxxo a comprarte cigarros cuando había visitas y no querías salir. 

Te recuerdo distante, siempre un misterio.

Te recuerdo platicador cuando ya habías bebido.

Te recuerdo manejando en carretera, íbamos a Guanajuato a recorrer mi certificado de prepa y lo que era la oportunidad perfecta para convivir, la arruinamos por orgullo.

Te recuerdo ausente, pero comprometido, pagaste parte de mi educación, sólo hasta la secundaria y quién diría que ese segundo idioma aprendido me abriría tantas puertas y por tanto te estoy agradecido.

Te recuerdo leyendo el periódico, siempre el periódico, nunca libros.

Te recuerdo siempre interesado en el fútbol, a ti te gustaba verlo, a mí jugarlo.

Te recuerdo de muchas formas, pero ahora más te recuerdo en cama sin poder moverte, aún más flaco y sin querer comer, sin ganas de nada pues te condicionaron a creer que tu vida era tu trabajo y cuando te lo quitaron, te creíste sin vida. Te recuerdo sufriendo y cansado y a pesar de nuestros deseos, poco podemos hacer.

Ahora que puedo ver la vida de una forma un poco mas objetiva, te recuerdo con agradecimiento y con orgullo.

Imagino que cuando llegues te estarán esperando con un cómodo sillón y a un lado una cajetilla nueva de cigarros raleigh, una tecate fría con limón y sal y podrás pasar las tardes leyendo el periódico y el viento acariciando tu bigote, a menos de que allá decidas dejarlo e intentes un cambio al rasurarlo, de cualquier manera me dará gusto verte. Cuando sea mi tiempo de ir para allá.

Te recuerdo como mi padre, aunque bien pudimos ser dos extraños más, pero ustedes decidieron adoptarme y hacerme parte de su vida. Y a pesar de que ese "nosotros"no funcionó, nunca me abandonaste.

Gracias por todo.

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